
No nos dejemos induciar a error: todos los grandes espíritus son escépticos. Zaratustra lo es. La fortaleza y la libertad que emana de la fuerza y de la superabundancia de energía espiritual se prueban mediante el escepticismo. Las valoraciones positivas y negativas de los hombres que tienen convicciones arraigadas han de ser puestas entre paréntesis. Las convicciones son cárceles. Tales hombres no ven lo bastante lejos, no ven lo que hay debajo de ellos, y para poder hacer valoraciones positivas y negativas' hay que ver quinientas convicciones debajo de uno y detrás de uno. Un espíritu que ansía grandes cosas y que también quiere los medios necesarios para alcanzarlas, ha de ser forzosamente un escéptico. El estar libre de convicciones de todo tipo y el poder mirar con libertad forman parte de la fortaleza. La gran pasión, que constituye la base y la potencia de nuestro ser, que es más clarividente y despótico incluso que el intelecto humano, pone a éste enteramente a su servicio; aleja de él cualquier escrúpulo; hasta le da valor para utilizar medios no santos, y, en determinadas circunstancias, le permite tener convicciones. Éstas son un medio para algo y hay muchas cosas que no se logran más que por medio de convicciones. Esa gran pasión hace uso, pues, de convicciones y las consume, pero no se somete a ellas, porque se sabe soberana. La debilidad, por el contrario, necesita fe, necesita ser incondicional en sus afirmaciones y en sus negaciones, necesita sustentar una teoría como la de Carlyle.
El Anticristo, Friedrich Nietzsche.
